Mono_loco
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22 mar 2015
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mi tristeza es erudita, pero a mi alegría la mantengo analfabeta

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Jujú, soy un chimpancé escritor ...

... y esta es mi jaula ...


... y en mi jaula entra lo que no cabe ...

Si quieres leer mis malas palabras o implicarte en alguna travesura psicolingüística...:

gabinetedubateleur.blogspot.com

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El escorpión y la rana

(adaptación de una fábula del folklore africano)

 

A orillas del Níger vivía una rana muy generosa. Cuando llegaba la época de las inundaciones (que por cierto a ella la favorecían) ayudaba a otros animales a cruzar el río y alcanzar un elevado montículo de tierra, salvándolos de una muerte segura por ahogo o aislamiento.

Pudiendo sacar ventaja de la necesidad de los demás en circunstancias tan desiguales, no lo hacía, cargaba sobre su espalda a pesados ratones e incluso moscas nutritivas, que quedaban indefensas ante su lengua ya que con las alas mojadas no podían volar.

Aprovechándose de su nobleza, cierta vez un escorpión varado sobre una piedra resbalosa suplicó a la rana le salvara la vida. El impulso de la rana era salvarlo, pero ella no era una rana tonta, no era rana de fábulas europeas, no era un príncipe convertido en rana, ella era una rana-rana de realidades africanas, una rana que había sobrevivido a miles de calamidades, curtida por privaciones y desencantos, privaciones y desencantos que sin embargo no la habían resentido contra sus enemigos naturales ni insensibilizado ante la desgracia que a otros animales les tocaba (aun cuando las circunstancias obrasen a su conveniencia).

Precavida, dijo al escorpión que imploraba su auxilio: - Tú siempre quieres hacer daño, ahora que estás en aprietos buscas mi lástima, pero si te cargo sobre mi espalda me clavarás tu arpón traicionero y acabarás con mi vida.

A lo que el astuto escorpión respondió: - Oh, no seas cruel conmigo, rana (ofendiéndose, y tratándola con soberbia cuanto más la necesitaba), piensa con sentido común nuestra hermandad ante las circunstancias… Si yo te doy muerte dependiendo de ti para salvarme, al matarte y perder tu apoyo me ahogaría. ¿Eso sería estúpido de mi parte, no es cierto?, ¿qué clase de animal le haría daño a otro animal de cuya vida necesita para no morir?

La rana todavía dudó un poco, pero entendió que el razonamiento del escorpión era irrefutable, entonces se descargó de prejuicios y cargó sobre su espalda la amenaza latente.

En aquella travesía (de la piedra resbalosa hasta la orilla segura) el Níger estaba especialmente torrentoso y revuelto, pero la rana, hábil y valiente, lograba sortear los remolinos que los succionaban hacia el fondo barroso –del que jamás regresarían si la rana se rendía y dejaba de nadar–. Ya surcaba victoriosa el último remolino…, la salvación de ambos estaba a metros del escollo final…, cuando la espalda de la rana fue martirizada con el veneno del escorpión. Los calambres paralizaron sus vigorosas patas..., la mirada se le obnubiló...

En un último esfuerzo, antes de que el remolino los tragara, la rana preguntó desconcertada:

- ¿Por qué hiciste eso?, al envenenarme a mí, tú también morirás.

- No pude evitarlo, es mi naturaleza (contestó el escorpión).

- Oh, sí… (ya exánime, con tristeza murmuró la rana), de alguna manera también es la mía...

Y juntos desaparecieron en las profundidades de sí mismos.

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