Al tuntún IX

Alliguen
Alliguen
Dec 8, 2016, 5:20 AM |
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"E2, a e4; e7, a e5; el caballo g1, a f3; responden negras con Cb8, a c6; Af1 se dirige a b5... La española. Otra: e2, a e4; e7, a e5. Se repite como antes y, después de Cb8, a c6, se mueve Af1, a c4; Af8 va a c5; peón c2, a c3; Cg8, a f6; blancas, d2 a... Ni Baccalá alla livornese, ni Panzanella. Solo esta galleta rugosa, dura y verde que huele a menta. Y permanece ese aroma a hierba recién cortada de su colonia. Cuando yo vuelva, ¿seguirá en el recibidor la vomitona de Jaime?  Fuera, en la acera, nuestras sombras se proyectan en la acera. No he traído el abrigo. Por suerte, tenemos luz aquí. Blancas, Cg, a f3. No me he cepillado los dientes antes de salir de casa. Resonaban sus cascos en el campo de... Mi cabello largo flotaba. El trote. El viento parecía que taconeaba, suavemente, nanas entre las hojas de los árboles. Y el sol. Erguida, con las manos en la bridas, sobre el lomo del caballo.

 

   Como si las ágiles patitas de muchísimas hormigas estuvieran recorriendo el interior de las venas de mis rodillas, de mis tobillos, de los dedos de mis pies; como si ellas, pequeñas, como piedras, rascaran los canales de irrigación sanguínea de mi cuero cabelludo; como si un enjambre de abejas frotara sus alas contras la paredes húmedas de mi diafragma. Tap, tap, tap, tap.

 

   Continúa a mi lado desde que ha entrado en el café. Ha allegado el último. El rojo, como mi pelo. Es el primer vestido que he visto, cuando he abierto el armario. A Jaime le encantaba. Me decía que le gustaba, porque le recordaba...

 

   ¿Por qué se ha sentado tan cerca de mí? Solo tengo treinta centavos. Ni para pedirle al camarero una infusión. En el ascensor, me he pintado los labios. Que no se aproxime más. Tengo un grito que me acuchilla la garganta. Arrojaría, uno tras otro, los taburetes contra los cristales. Si, a hierba recién cortada como, algunas mañanas, el proche de nuestra casa de Bucine. Desde la cama, escuchaba cómo rugían las máquinas cortacésped. Los jardineros trazaban eses de un verde intenso; o pasillos de hierba aplastada, si caminaban con sus botas empapadas hacia la puerta de la verja. `Orsacchiotto, en seguida, termino de desayunar. Sacaremos la bicicleta del garaje. Te sentaré en el cestito del manillar y nos iremos a buscar al duende que viste ayer´.

 

   Continúa en silencio, como yo. ¿Oleré a patatas fritas y aceite de oliva? Ha venido solo, como yo. Mira su reloj de pulsera. No me ha dado tiempo a ponerme el mío. Ni a colocarme los pendientes. Ni el... ¿Y si le pregunto qué hora es? Debemos de llevar encerrados más de, de... Los escaparates de las tiendas, apagados. Si me contestara, quizá, más tarde, podría decirle que llegué a Nueva York... No. No. Los cuellos de su camisa azul, impecablemente planchados. A menta. Mi abuela Casilda, en Madrid, echaba menta a la ensalada. Cebolleta, lechuga y menta. Menta y césped recién cortado. Se ha ido la luz. Noto la calidez de su brazo junto a mí, aunque ni quisiera me roza. Apertura española, italiana. Gambito Evans, cha, cha...cha".