"El Rey Negro" Arreola (Ajedrez y Cultura)
"El rey negro" Adán Momo Aguilar (Phothoshop) Sep. 2017.

"El Rey Negro" Arreola (Ajedrez y Cultura)

AdanMomo
AdanMomo
13 sept. 2017 15:52 |
29

No cabe duda que, como ya lo comentábamos en un artículo anterior, el ajedrez incita al pensamiento, no solo del ajedrez en sí, más aún, los ajedrecistas siempre queremos que esos pensamientos sean buenos, como dice el gran Wilhelm Steinitz “El Ajedrez es tan inspirador que yo no creo que un buen jugador sea capaz de tener un pensamiento malo durante una partida”.

Portada: "El rey negro" Adán Momo Aguilar (Phothoshop) Sep. 2017.

 

Recientemente un compañero argentino (emanuelmorita es su nick) escribió un artículo “Nuestras sombras cuando jugamos ajedrez”, el cual les invito a leer, nuestro compañero habla de que jugar ajedrez no solo es cosa de razonamiento lógico, de puro calculo y teoría recordada, si no que también los sentimientos forman parte de nuestras decisiones en las jugadas (eso que se puede llamar intuición, tal vez) pues sí que podemos tener, incertidumbre o miedo y no se diga alegría cuando hacemos lo que consideramos una "Señora Jugada", pero eso es parte del juego, y ya decir como tal un mal pensamiento, bueno tal vez puede pasar, así que intentado aclarar la cita de Steinitz un buen jugador no puede tener un mal pensamiento, pero ¿y uno malo?

Hoy con mucho gusto les comparto un pequeño cuento sobre nuestro ajedrez, “El Rey Negro” del maestro Mexicano Juan José Arreola, el cual forma parte del libro “Bestiario”(1972) este micro relato trata sobre los pensamientos de un ajedrecista el cual, como nos ha pasado a todos, se encuentra en apuros y busca una manera de salir lo mejor parado. El maestro Arreola además de ser un autodidacta en muchos ámbitos y llegar a ser un reconocido escritor, fue un apasionado del ajedrez, al extremo de que, además de practicarlo, fundo instituciones, fue presidente de la federación nacional, apoyo su inclusión en las escuelas y llego a construir piezas y una mesa de su propio cuño.

Espero que lo disfruten y que les guste tanto como a mí.  

 

“El rey negro”

J’ay aux eschés joué devant Amours.

Charles d’Orléans

Yo soy el tenebroso, el viudo, el inconsolable que sacrificó su última torre para llevar un peón femenino hasta la séptima línea, frente al alfil y el caballo de las blancas.

Hablo desde mi base negra. Me tentó el demonio en la hora tórrida, cuando tuve por lo menos asegurado el empate. Soñé la coronación de una dama y caí en un error de principiante, en un doble jaque elemental…

Desde el principio jugué mal esta partida: debilidades en la apertura, cambio apresurado de piezas con clara desventaja… Después entregué la calidad para obtener un peón pasado: el de la dama. Después…

Ahora estoy solo y vago inútil por el tablero de blancas noches y de negros días, tratando de ocupar casillas centrales, esquivando el mate de alfil y caballo. Si mi adversario no lo efectúa en un cierto número de movimientos, la partida es tablas. Por eso sigo jugando, atenido en última instancia al Reglamento de la Federación Internacional de Ajedrez, que a la letra dice:

Artículo 12° La partida es Tablas:

Inciso 4) Cuando un jugador demuestra que cincuenta jugadas por lo menos han sido realizadas por ambas partes sin que haya tenido lugar captura alguna de pieza ni movimiento de peón.

El caballo blanco salta de un lado a otro, sin ton ni son, de aquí para allá y de allá para acá. ¿Estoy salvado? Pero de pronto me acomete la angustia y comienzo a retroceder inexplicablemente hacia uno de los rincones fatales.

Me acuerdo de una broma del maestro Simagin: El mate de alfil y caballo es más fácil cuando uno no sabe darlo y lo consigue por instinto, por una implacable voluntad de matar.

La situación ha cambiado. Aparece en el tablero el triángulo de Delétang y yo pierdo la cuenta de las movidas. Los triángulos se suceden uno tras otro, hasta que me veo acorralado en el último. Ya no tengo sino tres casillas para moverme: uno caballo rey, y uno y dos torre.

Me doy cuenta entonces de que mi vida no ha sido más que una triangulación. Siempre elijo mal mis objetos amorosos y los pierdo uno tras otro, como el peón de siete dama. Ahora tres figuras me acometen: rey, alfil y caballo. Ya no soy vértice alguno. Soy un punto muerto en el triángulo final. ¿Para qué seguir jugando? ¿Por qué no me dejé dar el mate del pastor? ¿O de una vez el del loco? ¿Por qué no caí en una variante de Légal? ¿Por qué no me mató Dios mejor en el vientre de mi madre, dejándome encerrado allí como en la tumba de Filidor?

Antes de que me hagan la última jugada decido inclinar mi rey. Pero me tiemblan las manos y lo derribo del tablero. Gentilmente, mi joven adversario lo recoge del suelo, lo pone en su lugar y me mata en uno torre, con el alfil.

Ya nunca más volveré a jugar al ajedrez. Palabra de amor. Dedicaré los días que me quedan de ingenio al análisis de las partidas ajenas, a estudiar finales de reyes y peones, a resolver problemas de mate en tres, siempre y cuando en ellos sea obligatorio el sacrificio de la dama.

(A Enrique Palos Báez)

 

 

Sin más te invito a que nos dejes en los comentarios que te pareció, que nos cuentes si lo conocías y alguna vez te han pasado malos pensamientos durante una partida, buenos pensamientos seguro que si, a todos nos pasan, en especial cuando ganamos. Gracias por pasarte por el Blog wink.png


Juan José Arreola Zúñiga (Zapotlán el Grande —hoy Ciudad Guzmán—, Jalisco, 30 de agosto de 1920 - Guadalajara, Jalisco, 3 de diciembre de 2001) fue un escritor, académico, traductor y editor mexicano. De formación autodidacta (nunca terminó la primaria) desempeñó los más diversos oficios a lo largo de su vida.