Nivel Intermedio & Avanzado: Carlsen–Radjabov, Tata Steel 2015: El juego posicional
© 2013 Anastasiya Karlovich

Nivel Intermedio & Avanzado: Carlsen–Radjabov, Tata Steel 2015: El juego posicional

JMurakami
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3 abr. 2017 3:46 |
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El juego posicional.
El uso del término “juego posicional” es tan común que, en ocasiones, da pie a interpretaciones muy curiosas. Entre ellas, la creencia de que el “juego posicional” es lo opuesto al “juego táctico”; desde ya les digo, no son opuestos en absoluto.

Supongamos que alguien encuentra una buena oportunidad para ir a trabajar en China, y no habla chino; sería razonable que, antes de embarcarse, se tomara el tiempo en estudiar y aprender el idioma. Si alguien tiene planeada una larga travesía en solitario por un vasto desierto, deberá entonces, antes de la aventura, priorizar la provisión de agua necesaria.

El juego posicional trata de lo mismo. Es pensar dónde han estar las piezas y peones, y qué condiciones existir para prevalecer sobre el contrario cuando surja el combate cercano (que en ajedrez recibe el nombre de operaciones tácticas, juego táctico o, simplemente, la táctica). En lugar de albergar esperanzas de estar a la altura y poder calcular con precisión el juego táctico cuando llegue, el jugador prepara sus fuerzas y trabaja las condiciones para el éxito antes de abrir líneas y permitir que se enfrasquen las fuerzas propias y contrarias… mientras se opone a que el rival haga lo mismo.

Entonces, el juego posicional trata sobre no enfrascarse en juego táctico intenso hasta que las condiciones aseguren ventaja al hacerlo y, cuando la posición no está madura aún, abocarse a mejorar –con insistencia, persistencia y obstinación– a las piezas y peones colocándolos en mejores posiciones, y a “mejorar el campo de la futura batalla”.

La meta es alcanzar superioridad de fuerzas en el sector donde el combate tendrá (o podría tener) lugar, así como prevenir que el rival nos sumerja en una batalla táctica en algún sector al impedirle (al menos de momento) las condiciones necesarias para su éxito.

Las condiciones a que hacemos referencia, son comúnmente llamadas “principios generales”, “principios posicionales” o “reglas posicionales”. Hay varias, y sirven para hacer una evaluación –desde cruda hasta precisa– de la situación en el tablero, basada en aspectos visuales (externos), tales como las estructuras de peones, presencia o ausencia de debilidades, etc., que pueden ayudar a penetrar en la lógica interna de la posición. A su vez, la lógica interna es la que determina el valor relativo del control u ocupación de líneas y casillas, donde las líneas representan los caminos entre los ejércitos o al interior de ellos, y las casillas pueden ir desde insignificantes hasta bastiones y fortalezas desde donde poder atacar y, o defender.

Podrán imaginar que, cuando se juega posicionalmente, no siempre se cuenta con rivales amables que de buen grado, sin objeción y hasta colaborativos, toleren nuestra acumulación de “pequeñas ventajas”. Así, aunque el juego posicional trata sobre posponer las grandes operaciones tácticas, se hacen necesarias pequeñas operaciones tácticas, en la forma de amenazas y presión, para forzar concesiones posicionales. Dicho esto, las amenazas pueden también implicar una apertura inmediata de líneas y, o incremento repentino de la actividad de piezas por coordinación, con táctica inmediata, masiva y favorable, ante lo que el rival no tenga más remedio que conceder algo o exponerse a lo peor. Y se hace claro que la calidad del juego posicional se asienta, con mucho, en la capacidad para evaluar la táctica –sea ésta simple o compleja– y usarla en beneficio propio.

Otra forma de explicar la naturaleza del juego posicional, se logra al pensar en el valor (por convención) de las piezas (D=9, T=5, A=3, C=3, P=1). Dichos valores provienen de una estimación de su área de efecto y movilidad (actividad y tiempos para desarrollarla), derivadas de su observación en un número de partidas; ergo, son estimaciones estadísticas. Por tanto, a nadie debe sorprender que no apliquen –necesariamente– con precisión a la posición que se tiene en frente. De hecho, mientras los valores convencionales se aplican a piezas en tubos de ensayo individuales, los valores sobre el tablero se aplican para las piezas como conjunto, donde la coordinación y la armonía son determinantes en la actividad y los tiempos para su desarrollo. Y hace concluir que el juego posicional trata sobre el incremento y decremento del valor de conjunto de las piezas propias y rivales, respectivamente, antes de embarcarse en operaciones tácticas de gran escala.

Claro, es más sencillo decirlo que hacerlo, y el curso de una partida rara vez asemeja una línea recta. Por ejemplo, la oportunidad de pasar, favorablemente, del juego posicional al táctico no es siempre evidente, y puede que solo surja una vez, donde perder el tren es perder la ventaja. En otras sucede a la inversa, donde no se debe subir al tren porque es innecesario y contraproducente, dado que la partida puede y debe ganarse sin crear ni permitir complicaciones. En todo caso, lo más común es que el rival, al verse sometido a un lazo posicional asfixiante, embista (así las condiciones posicionales no le favorezcan), si solo para no permitirnos un camino claro a seguir.

Hecha la salvedad, a veces nos topamos con partidas de verdaderos maestros donde todo parece predestinado y cada cosa encaja en su lugar.