Nivel Intermedio & Avanzado: Contra el tablero, contra el rival: Carlsen–Adams, Tata Steel 2016

Nivel Intermedio & Avanzado: Contra el tablero, contra el rival: Carlsen–Adams, Tata Steel 2016

JMurakami
JMurakami
18 nov. 2017 17:17 |
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Desarrollando el concepto

En el pasado, era comúnmente aceptado que había que jugar contra el tablero. Capablanca y Alekhine así lo enseñaban y propugnaban. Pero eran otros tiempos, con menos información y más tiempo para resolver sobre la mesa. Hoy en día, el enfoque pasa más por aquello que incremente las posibilidades del error rival.

Esta concepción es difícil de empacar porque involucra una lectura combinada y ponderada de diversos factores dentro y fuera del tablero. Por ejemplo, el tiempo restante para resolver problemas de mayor o menor complejidad, cuán nervioso o cansado parece estar el rival, la situación en la tabla del torneo, las fortalezas y debilidades demostradas en su juego a lo largo del tiempo, y así sucesivamente. Todas son lecturas basadas en percepciones y, por tanto, las conclusiones son especulativas.

En general, si el rival de turno puede equivocarse sin enturbiarle las aguas, puede ser mejor jugar limpio. La ventaja de esforzarse en jugar contra el tablero es que funciona contra cualquier oponente y con independencia de su fuerza. A la larga, este enfoque garantiza mejores resultados globales y un mejor desarrollo de la propia fuerza ajedrecística.

La desventaja teórica de obstaculizarle un plan claro de juego mediante complicaciones injustificadas es, precisamente, que por lógica tales complicaciones deben ir en nuestra contra. Pero como no se juega contra una máquina infalible sino contra un individuo (con fortalezas y debilidades propias), se apuesta, se especula que ciertos tipos de problemas le serán más difíciles de resolver bajo las condiciones reinantes en ese momento. Es decir, hablamos de un enfoque práctico de la situación.

Matices

De otro lado, no solo se puede jugar contra el rival introduciendo complicaciones. Alekhine, por ejemplo, evitaba –muchas veces– la resolución lógica de una posición por medio de cambios o caminos claros para el rival, de forma que la tensión se incrementara sobre el tablero.

Desarrollando el párrafo anterior, no se trata de jugar mal esperando que el rival juegue peor, sino de no jugar tan bien en busca de situaciones que dificulten la visión al oponente al darle más en qué pensar. Es una línea divisoria que no está claramente marcada en el piso y exige mucha maestría para no extralimitarse (y caer en inferioridad de la que no hay vuelta atrás), pero es un procedimiento utilizado por campeones de la talla de Capablanca, Spassky, Fischer o Carlsen, por citar casos llamativos. Como muestra, ver la 13ra partida del match del '72.

Para no perder una partida "perdida"

Sin duda, el caso más común (donde la mayoría acepta que se ha de jugar contra el oponente) es cuando nos hallamos contra las cuerdas. Nuevamente, la evaluación dependerá de la capacidad que adjudiquemos al rival para convertir su ventaja en una iniciativa imparable.

De ahí la siguiente partida.

A modo de presentación para aquellos no familiarizados con el GM Michael "Mickey" Adams (Inglaterra, 1971), es un ex prodigio que alcanzó el 4to lugar en la clasificación mundial entre el 2000 y el 2002, parte de la élite ajedrecista desde hace dos décadas (de los poquísmos con más de 40 años de edad). Posee de un estilo de maniobras que confunde al parecer que no hace nada, cuando en realidad está "tejiendo" con habilidad alrededor del rival. Tanto así que Kasparov le apodó "el Hombre Araña". Adams estaba en ello, precisamente, y Carlsen no encontraba cómo progresar... hasta que sobrevino una imprecisión... y las cosas cambiaron.