Nivel Intermedio & Avanzado: El cálculo preciso: Granda–Seirawan, Buenos Aires 1993

Nivel Intermedio & Avanzado: El cálculo preciso: Granda–Seirawan, Buenos Aires 1993

JMurakami
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3 dic. 2017 4:47 |
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¿Qué es el cálculo preciso de variantes?

Son las secuencias lógicas de jugadas por las que se da solución a los problemas planteados por el rival, por las que le creamos problemas, o una combinación lógica de ambas.

Todo parte del reconocimiento de los problemas (actividad) existentes, latentes o potenciales sobre el tablero, y de asignarles un valor y prioridad. Esto implica la necesidad de evaluar con (mayor o menor) precisión tanto los elementos (material, espacio, tiempo y actividad) presentes sobre el tablero, como las evaluaciones resultantes en las variantes calculadas. En otras palabras, quien no observa la actividad o no puede evaluar una posición, no puede calcular bien.

¿Cuánto hay que calcular?

Lo necesario hasta arribar a una posición (futura) que –aceptamos– da respuesta a los problemas en la posición (presente).

Ahora, una dificultad al calcular es que no siempre nos queda claro "cuántos" problemas hay en la posición. Un ajedrecista entrenado sabe que ha de inventariar la actividad propia y rival y asignar un valor de prioridad a cada una de las amenazas, antes de considerar "jugadas candidatas" para la solución –o soluciones.

En competencia, con límites de tiempo, es común descartar la consideración de amenazas no relevantes o no prioritarias. Además, por los límites de tiempo, es típico no desmenuzar la estructura lógica en cada amenaza (el cómo se genera y por qué funciona) y pasar directo a las formas de contenerlas o acrecentarlas (cuando son "nuestras" amenazas).

¿Qué son "jugadas candidatas"?

Es un término popularizado por el GM A. Kotov ("Piense como un Gran Maestro") para señalar a aquellas jugadas que pueden dar solución a un problema (o problemas).

Por ejemplo, si un rey está amenazado con dama a g7 y mate, las jugadas candidatas serían aquellas que sobreprotejan g7, las que bloqueen el vector por el que la dama alcanza g7, las que alejen al rey del mate en g7, o algún jaque intermedio que obligue al rival a mover otra cosa antes de ejecutar su amenaza de mate.

¿Los maestros calculan más que los aficionados?

En general, no.

Hay diversas razones. Entre ellas, los maestros tienen en memoria millares de posiciones (trabajo y estudio, experiencia) a las que ya han dado un valor (bueno, malo, igual), de forma que pueden calcular en menor profundidad porque divisan costas familiares... y cesan de calcular. Otra es que se enfocan en los rasgos relevantes de la posición, mientras que los aficionados tienen más dificultades para reconocer los picos y valles y –digamos– deambulan de aquí a allá y vuelta atrás.

Ahora, los maestros calculan –habitualmente– con precisión porque, aparte de estar mejor entrenados en la concentración necesaria, están acostumbrados a evaluar –constantemente– la actividad sobre el tablero. Por lo mismo, si no pueden evaluar (con cierta seguridad) la posición final en una variante, siguen profundizando en ella. En otras palabras, si no les queda claro, continúan calculando hasta donde les sea posible.

¿Cómo se sabe cuándo y cuánto calcular?

Se sabe que hay que calcular cuando se detecta actividad. Se sabe que ya no es necesario calcular cuando la situación final en la variante, o la situación presente sobre el tablero, no permite actividad que desvirtúe la valoración que hemos dado a la posición.

En general, es muy raro que se nos presente una posición carente de actividad. Si no en forma de táctica, cuando menos en la implementación de planes que favorezcan la táctica futura para uno de los bandos (amenazas posicionales).

En otras palabras, siempre hay que calcular, siquiera unas cuantas jugadas hacia adelante. No hacerlo equivale a cruzar una autopista sin mirar a izquierda y derecha, solo porque no escuchamos ruido de motor. Solo vale no calcular –para jugar intuitivamente– cuando no hay tiempo en el reloj, o se tiene mucho sueño.

El calculo preciso, ¿es parte de la evaluación de una posición?

Por pedagogía, hay costumbre de separar la evaluación mediante material, espacio, tiempo y actividad, de la resolución por cálculo preciso, lógica, erudición e intuición. Pero, en la práctica, funcionan más como un proceso de bucle, donde ambos se retroalimentan.

Así, en posiciones donde hay mucha actividad, la única forma de dar con una evaluación (más o menos precisa) es mediante el cálculo. Y claro, cuando no se puede calcular (por equis razones), se recurre a la intuición, tanto en la selección de jugadas candidatas, en la jugada ejecutada sobre el tablero, en las evaluaciones... pero a sabiendas que incluso la mejor de las intuiciones no supera consistentemente a un cálculo decente.

*** 

Veamos ahora un caso práctico, tomando un par de posiciones de la célebre partida Granda–Seirawan, Buenos Aires 1993:

Comencemos por la posición tras el 12do movimiento de las blancas (y lo siento, pero el sistema PGN no permite la explicación que continúa, así que los interesados deberán seguirla ante un tablero):

A cambio del caballo las blancas han creado esta posición. Imaginemos tomar el asiento de las negras para hacer la siguiente jugada.

Notamos que tenemos un caballo de ventaja por un peón, el flanco de rey sin desarrollar, el rey en el centro, pero nada útil para precisar nuestra siguiente jugada.

¿Qué problemas tenemos? La Th8 no juega, salvo el Cc6 y –en menor medida– el Ab7, nuestras piezas están pasivas o muy pasivas (Af8 y Cg8), nuestro rey en el centro peligra, estorba la comunicación de las piezas pesadas, y puede ser objeto de ataques que den tiempo a las blancas para reubicarse en nuevos vectores de ataque ante los que no podamos establecer defensa efectiva. Más en concreto, no tenemos control de las casillas de invasión para el caballo blanco en e4 y d5. Con el caballo blanco en e4 su alfil puede seguir hasta g5 y el propio caballo alcanzar d6 o f6; tampoco tenemos control del ingreso de la dama blanca a la columna “f” a través de f3. ¿Qué problemas tiene el blanco? Definir qué hacer con el peón en e5, poner en juego su torre en a1 y el alfil en c1, ubicar su caballo donde establezca relaciones de ataque, y todo mientras continúe planteando amenazas o perderá la iniciativa (y la partida, por el caballo de menos).

Necesitamos saber qué sucede y si corremos peligro inmediato. Iniciemos la inspección marcando mentalmente las piezas indefensas y las piezas bajo relaciones de ataque. No estamos sometidos a una amenaza directa, pero resaltan el Ab7 y el Pf7 en particular. De momento hay un vector de ataque y uno de defensa (nuestro rey) sobre el Pf7, pero las blancas pueden sumar Df3 y Ad5 de inmediato y Ce4 seguido de Cd6 (o Cg5) dos tiempos después, más el refuerzo de la torre en a1.

Evaluamos nuestros vectores de ataque contra la posición blanca, o algo que esté indefenso, para distraer a las piezas atacantes. Encontramos al Pe5; el peón controla f6 y d6 (limitando nuestras opciones defensivas), y la propia casilla es necesaria para defender f7; además, puede sumarse al ataque avanzando a e6.

A este nivel de análisis podemos decir que los problemas urgentes en la posición negra son el alfil indefenso en b7 y la dificultad para defender f7. Ya existe la amenaza concreta de 13.Df3 seguido de fxg6 y Dxf7 mate, así que posponemos cualquier consideración general para enfrentar la amenaza o termina la partida.

Aquí debemos calcular. No podemos prevenir 13.Df3 con 13…Cd4 por la debilidad Ab7. Consideramos entonces las opciones para defensa de f7 (selección de “jugadas candidatas”): (a) 13...De7, (b) 13...Cxe5 y (c) 13...Ch6. Descartamos (a) 12…De7 con rapidez, no solo por 13.Cd5 sino también por 13.Cb5 y la invasión en d6. (b) 13…Cxe5 tropieza con la debilidad Ab7 (otra vez). Solo queda (c) 13…Ch6, con la idea de 14.Df3 Cxf5 y bloquear la columna “f”, pero las blancas tienen 15.g4 y perdemos el caballo; podríamos seguir 15…Dh4 16.gxf5 0-0-0, pero 17.Af4 y estamos mal. Además, 13…Ch6 pierde el control de f6, y las blancas pueden jugar 14.Ce4 para invadir mediante Cf6+ y Cd5.

Por tanto, necesitamos defender al Ab7 para tener Cxe5. ¿Con la dama para darle escape al rey por d8? No. 12…Dc8 13.Df3 y aún no tenemos 13…Cxe5 por 14.Dxb7. Ha de ser con la torre: (d) 12…Tb8 (nuestra cuarta jugada candidata, que ha surjido tras calcular la inconveniencia de (a), (b) y (c), esto es, el proceso de retroalimentación del que hemos hablado antes).

Comprobemos: 12…Tb8 (d1) 13.Df3 Cxe5 y ganamos tiempo atacando la dama. Las blancas podrían intentar aprovechar la columna “e” abierta sobre nuestro rey, pero tenemos defensa: 14.De2 d6 15.Axb7 Txb7 16.Cd5 f6 y termina el ataque blanco.

No podemos detener el análisis aquí solo por haber encontrado defensa contra una amenaza inmediata, sino reevaluar las relaciones en la nueva posición para descubrir cómo pueden reforzar su juego ambos bandos, y asegurarnos que 12…Tb8 no nos envía a un callejón sin salida.

Un paréntesis para algo de concepto: Si solo por principio, debemos dar prioridad a forzar jugadas puramente defensivas en el bando con la iniciativa. La lucha contra la iniciativa es la lucha por el tiempo. Mientras el blanco mantenga amenazas directas, nos veremos forzados a defender con los medios disponibles, y ellos no incluirán a las piezas fuera de juego. Nuestro plan inmediato es defender las amenazas directas con movimientos que, en lo posible, planteen contra amenazas y, mientras el blanco se defienda o no amenace con inminencia, intentar resolver los problemas que tenemos en la posición, consolidar y contratacar. No podemos, en esta situación, pensar a mediano plazo porque debemos reaccionar a las amenazas que se nos presentan.

Sigamos.

Ahora que hemos tomado nota de los problemas para ambos, consideramos las “jugadas candidatas”. Aún tenemos en mente el análisis de relaciones antes de (d) 12…Tb8; la diferencia es que hemos “liberado” al Cc6, y al Ab7 puede tomar control de casillas en la diagonal a8–a1 para lidiar con el caballo blanco mediante el cambio, o incluso el cambio por el alfil en g2.

Aparte de (d1) 13.Df3 (que ya analizamos), consideremos (d2) 13.Ce4 (para Ag5 y darle salida a la Ta1), (d3) 13.e6 (para no perder tiempo en su defensa y abrir líneas), y (d4) 13.Af4.

(d2) 13.Ce4 no amenaza nada inmediato así que tenemos tiempo para 13…Cd4, amenazando el cambio del caballo y privando a la dama blanca de f3. Podría continuarse 14. Ag5 Dc8 15.Dg4 Axe4 16.Axe4 Ce7 y tenemos ventaja.

(d3) 13.e6, en efecto abre líneas (la diagonal a4–e8 y la columna “e” pero no incrementa la presión sobre la columna “f”, las blancas aún no tienen una pieza pesada en “e” y podemos defender la diagonal a4–e8 con la dama. Además cambia los peones centrales que restringían a nuestras piezas y nos facilita el uso de la dama en la defensa del ala de rey: 13…dxe6 14.fxe6 fxe6 15.De1 Dd7 16.Af4 Ag7 (con un caballo de más podemos ser generosos si permite cambiar varias piezas del atacante) 17.Axb8 Ad4+ 18.Rh1 Cxb8 y tenemos ventaja.

(d4) 13.Af4, que defiende al Pe5, y simultáneamente plantea la amenaza 14.e6, aprovechando la sobrecarga de nuestra dama en la defensa de la Tb8 y la diagonal a4–e8 desde d7, si respondemos 13…Cd4 para tomar control de d5 y e4 y evitar el ingreso del caballo en c3. En resumen, 13.Af4 prepara el ingreso del caballo blanco a d5 o e4 sin temor a ser cambiado, y no AxTb8 que no es amenaza debido a la desventaja material de la blancas; pero al mantener la relación latente restringe la movilidad de nuestra dama.

Consideremos “ignorar” las amenazas e ir por los cambios con (d4a) 13…Cd4, eliminar el Af4 con (d4b) 13…Ah6, y resolver uno de nuestros problemas (el pasivo Cg8) activándolo con (d4c) 13…Cge7.

(d4a) 13…Cd4 14.e6 f6 (por supuesto no “mejoramos” a la torre en f1 abriendo la columna “f”) 15.exd7+ Rxd7 16.Da4+ Rc8 17.Dxa7 Ad6. No vemos una variante forzada para las blancas, pero la posición se ve peligrosa.

(d4b) 13…Ah6 14.Cb5 Uy, el caballo en d6 vale por lo menos dos piezas. Sigamos, por si acaso. 14…Axf4 15.Txf4 hmm, otra vez f7, 14…Ch6 y aquí nos detenemos. No amenazamos siquiera 15…Cxf5 por 16.Txf5 y perdemos el control de h5, 16…exf5 17.Dh5 y estamos indefensos en f7. Encima vemos que las blancas tienen 15.d4 (si 15…cxd4 16.Cxb7 Txb7 17.Axc6 dxc6 18.Txd4 y hay que firmar).

Veamos (d4c) 13…Cge7 14.Ce4 Cxf5 y estamos a un paso de Ccd4, pero las blancas fuerzan que ocupemos la casilla d4 con el caballo equivocado después de 15.Cf6+ Re7 16.Cd5+ Re8 17.g4 Cfd4 18.Cf6+ Re7 19.Cd5+ Re8. ¿Podemos evitar el empate jugando 19…Re6? Parece que no, las blancas depejan la columna "f", liberan d5 para su alfil... y nos barren del tablero: 20.g4 Cfd4 21.Cc7+ Dxc7 22.Bd5+ Ke7 23.Ag5+ f6 24.Rxf6 Re8 25.Af7+ Kd8 26.Txc6+.

Conclusión: Hay que jugar 12…Rb8 pero, a pesar de la pieza de ventaja, las negras solo tienen tablas.
Terminamos el ejercicio, nos ponemos de pie y observamos cómo continúan las negras.

Hablemos un poco sobre el ejercicio realizado hasta ahora: El análisis de la actividad de piezas como soporte para el cálculo preciso de variantes. Es cierto que es complejo retener en la memoria una serie de variantes y “saber” qué jugadas considerar. Pero la retención es más un tema de concentración y entrenamiento. Mientras más se practica, más fácil se nos hace, como el primer día que salimos a trotar al parque, y la misma distancia después de un mes de práctica. Nuestro cerebro se adapta como nuestros músculos a la carga a que lo sometamos.

Como hablamos, la verdadera complejidad en el cálculo preciso está en la selección de “jugadas candidatas” y en la decisión de terminar el análisis de una variante. La mayoría de jugadores no utiliza un método sistemático en la selección de “jugadas candidatas”, sino que se basan en su “intuición”. Tal “intuición”, que es otra forma de decir “suposición educada”, se nutre de la experiencia de cientos y millares de partidas y horas de estudio. La razón para enfatizar este tipo de entrenamiento es que nuestro cerebro es particularmente efectivo en el reconocimiento de patrones, mientras que no tan entrenado en la interpretación lógica, así juguemos al ajedrez día y noche. Vemos una partida donde se juega el Ataque Yugoslavo contra la Variante del Dragón en la Defensa Siciliana y, automáticamente buscamos un sacrificio de calidad en c3. Eso no es razonamiento lógico, sino uso de patrones y de nuestra memoria para interpretar. Y funciona… mientras tengamos el Ataque Yugoslavo contra la Variante del Dragón en la Defensa Siciliana, sobre la mesa.

Como curiosidad, Seirawan jugó 13...Nh6. El movimiento 13...Rb8 no fue considerado por Granda ni Seirawan, y solo fue sugerido por el GM Illescas durante el post–mortem.

*****

Sigamos con otra posición de la misma partida, tras el 18vo movimiento de las blancas:

Piezas indefensas: Ab7, Th8.

Piezas bajo relaciones de ataque: Cc6, Ab7, Ta8, Pd7, Ph7, Pf7, Af8.

Piezas bajo riesgo de inferioridad defensiva al siguiente movimiento: Pf7, Re7–Dd8.

¿Qué significa, cómo se interpreta y para qué sirve esta información? Es un sistema de alerta basado en la capacidad defensiva de cada pieza, o casilla alrededor del rey. Es útil cuando no se tiene una idea clara del sentido de la posición, pues ayuda a identificar aquello bajo mayor riesgo y nos orienta en la búsqueda y evaluación.

Sobre lo difícil de la evaluación para esta posición, cabe citar al GM Seirawan: “Yo estaba muy contento; ¡tenía una pieza más y todas bien colocadas! De nuevo había varias defensas a mi disposición. En principio 18...Ag7 19.Df2 Rf8 20.Ag5 Dc8 21.Cxh7+? Rg8 22.Dxf7+ Rxh7 23.Ae4 Cxe5 gana para el negro; aunque mi posición pende de un hilo el caballo lo sostiene todo. Sin embargo de repente me entró el pánico, porque el blanco también tiene 21.Ch5? Cxe5 22.Cxg7, destruyendo mis casillas negras, aunque por suerte 22...Cef3+! pone las cosas en su sitio. Pero toda la línea olía a chamusquina. Si el blanco juega 21.Tae1!, con la intención de 22.Ch5, ¿qué puede hacer el negro?"

Tratemos, por nuestra cuenta (y no por las variantes que nos presentan) de profundizar un poco en la lógica interna.

Primero las piezas indefensas. Intentamos visualizar maniobras “razonables” para atacarlas o crear múltiples vectores (coordinar) sobre ellas. No se ve nada contra el Ab7 salvo que paraliza al Cc6. Contra la Th8, en cambio, vemos la maniobra Df2–f6, considerando que el Cf6 puede retirarse a d5 con tiempo (por el jaque), y que Df2 también puede jugarse con tiempo porque presiona al Pf7. Almacenamos la maniobra en nuestra memoria, como una carta en la mano y no en la mesa.

Al considerar las piezas bajos relaciones de ataque descartamos aquellas donde las operaciones de intercambio sean desfavorables y donde no tengamos claro cómo acumular vectores de ataque. Esto nos deja Pd7, Ph7, Pf7, Af8; normalmente no consideraríamos al Ph7 ni al Pd7, pero como tenemos la posibilidad Ag5, el Cf6 puede capturarlos con jaque. Puesto que no vemos cómo proseguir el juego tras Cxd7 o Cxh7, almacenamos la idea en la memoria. El Af8 no corre peligro inminente pero, si cae el Pf7, toda la presión sobre la columna “f” se transferiría sobre el alfil; pero está defendido por la Th8, así que la batería Df2 y Tf1 sería ineficiente (la torre debería estar frente a la dama para crear problemas a este sistema defensivo). Queda el Pf7, donde las blancas pueden alcanzar superioridad con Df2, que además tiene riesgo de mate.

En piezas bajo riesgo de inferioridad defensiva consideramos movimientos de ataque que aseguren ventaja, aun sin alcanzar mayor número de vectores. Típicamente son jugadas donde nos “proponen” un intercambio de piezas desventajoso, tal como un alfil por nuestra dama. Esa situación se presenta si las blancas juegan Ag5, amenazando retirar el caballo en f6, e incluso con tiempo si es a d5. Por tanto, 19.Ag5 y 19.Df2 son las amenazas que debemos considerar.

(Se debe repetir el proceso de identificación y articulación lógica en la posición blanca. Lo obviamos aquí porque los resultados no afectan el transcurso del análisis: Las negras tienen una posición anormalmente pasiva).

Ahora que tenemos claro qué amenazas a enfrentar, analizamos la naturaleza de cada una y qué defensas serían necesarias. 19.Df2 amenaza 20.Cd5+ Re6 21.Df7+ Rxe5 22.Af4 mate. Tenemos dos tiempos para contener esa amenaza, nuestra jugada ahora y la siguiente tras 19.Df2. Las defensas para f7 son: (a) defender el Ab7 para poder jugar Cxe5; (b) liberar f8 con Ag7 para defender f8 con la torre (b1), la dama (b2), o retirar el rey a f8 para que Cd5 no dé jaque y defender con la dama (b3), y; (c) darle escape al rey hacia el ala de dama o disponer de Cd8 para proteger f7, con Dc8 (c1) o Db8 (c2); como notamos que las retiradas de la dama cumplen con la defensa del Ab7, descartamos la letra (c) y cambiamos por Dc8 (a1) o Db8 (a2). (Está fácil, ¿no?)

Toca el turno a las amenazas que provengan de 19.Ag5, y que las defensas coincidan con las establecidas para 19.Df2 (y se acaba el recreo), porque nada impide que pueda introducir ambas jugadas en alguna secuencia ventajosa. Esto significa que analizamos 19.Ag5 por separado y luego comparamos con las defensas contra 19.Df2. Vemos que la directa 19.Ag5 no da tiempo para defenderse, porque 20.Cd5++ es jaque doble y descubierta contra el rey y la dama; por tanto las defensas deben basarse en retirar uno u otra de la diagonal. (a1) y (a2) cumplen el requisito con la dama, y (b3) lo cumple con el rey.

A este nivel concluimos que tanto (b) 18…Ag7 como (a1) 18…Dc8 y (a2) 18…Db8 son suficientemente flexibles para profundizar en su análisis… que, por supuesto, sería un despropósito transcribirlo aquí, pues la intención ha sido mostrar cómo, a partir de la comprensión de la actividad, podemos deducir lógicamente las variantes que debemos o no analizar. De paso, las negras continuaron 18...Db8

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