Nivel Intermedio & Avanzado: La desubicación: Carlsen–So, Bilbao Masters 2016
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Nivel Intermedio & Avanzado: La desubicación: Carlsen–So, Bilbao Masters 2016

JMurakami
JMurakami
11 nov. 2017 22:41 |
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No está donde debiera

El término "pieza desubicada" tiende a aplicarse a dos situaciones: Uno, cuando la pieza (o peón) se encuentra en una casilla distinta a la que el plan o las exigencias de la posición demandan, y; dos, cuando la pieza (o peón) ocupa una casilla donde puede ser atacada ventajosamente por el rival.

También puede decirse que la razón por la que un maestro mueve una pieza o peón sobre el tablero, es porque está desubicada para el plan (o planes) que tiene en mente. En la misma línea, se desarrollan planes para que las piezas y peones rivales queden desubicadas, para facilitar el juego propio, para dificultar el rival.

La desubicación es una carencia de relación eficiente (o alguna) con una idea

Los jugadores elaboran mentalmente sobre cómo atacar la posición rival, cómo defenderse de las amenazas contrarias, cómo sostener el balance mientras preparan el desarrollo de operaciones activas. Entre los novatos, el producto de este proceso de pensamiento tiende a ser un desarrollo del juego jugada por jugada. Entre los maestros, es más una concepción compleja de dónde han de ubicarse las piezas para (o hasta) coordinar el efecto deseado, haciendo uso eficiente del material, tiempo, espacio y actividad de piezas. Vista así, la jugada individual forma parte de un conjunto mayor para plasmar una idea sobre el tablero.

Todo el proceso es semejante a leer, comprender y responder. La lectura es una evaluación basada en el material, tiempo, espacio y actividad de piezas (ésta última de máxima importancia), mientras que la comprensión y la réplica se basan en la lógica, el cálculo preciso, la erudición y la intuición.

El proceso es también de realimentación (o "retroalimentación"), pues las réplicas conducen a cambios en la posición que deben evaluarse en cuanto al material disponible y necesario para cumplir el objetivo, el tiempo preciso o aproximado para completar el plan, el espacio necesario para el traslado y, o reubicación contingente de las piezas, y la actividad de piezas (amenazas) en el sector o el tablero en conjunto, que pueden demorar o hasta detener la ejecución del plan.

Otra forma de visualizarlo es que si una jugada equivale a una palabra, entonces un plan es una oración, un párrafo, hasta un texto completo. Entonces, una pieza desubicada se asemeja a un error de escritura o a una palabra mal usada que dificulta –o impide– la expresión de una idea.

La desubicación consume tiempo y afecta –negativamente– a la actividad de piezas

En ajedrez, el tiempo (una o varias jugadas) es el recurso necesario para corregir la desubicación de una pieza. Ahora, la diferencia entre corregir la desubicación de una pieza y un peón no pasa tanto por el consumo de tiempos o posibilidad, sino que alterar la estructura de peones (de ser posible) tiende a ser más engorroso, pues afecta la movilidad y consecuente actividad de las piezas (¡de ambos bandos!).

Esta concepción es útil al elegir entre diversos planes, pues lleva a preguntarse ¿cuán desubicadas están mis piezas con respecto a la idea final? o, ¿cómo la alteraración paulatina o drástica de la situación actual afectará las posibilidades activas y defensivas de ambos bandos?

La desubicación forzada, no forzada... o inducida

La desubicación de una pieza es comúnmente el resultado de operaciones activas del rival. Como se habló en la introducción a la partida Carlsen-Radjabov (Tata Steel 2015), la actividad busca concesiones del defensor y, por lo común, desubicar una pieza es el menor de los males.

No es, sin embargo, la actividad rival la única razón por la que una pieza puede desubicarse. Dejando de lado los descuidos evidentes, se puede fallar al reconocer y valorar los planes rivales e intentar entorpecer lo que el rival no planea, o evaluarse incorrectamente la velocidad y oposición entre el desarrollo de los planes propios y rivales.

Existe, además, una estrategema sutil para inducir al rival al yerro: Enmascarar las propias intenciones tan bien como sea posible, por lo común ubicando las piezas y peones en posiciones que pueden ser la antesala para más de un plan; esto es, desarrollando planes flexibles en su evolución y objetivos. En tales casos, el rival también deberá oponerse con flexibilidad para contrarrestar la diversidad, y esto es más fácil decirlo que hacerlo.

La siguiente partida es un buen ejemplo.