Nivel Intermedio & Avanzado: La voluntad de vencer: Radjabov–Carlsen, Torneo de Candidatos 2013
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Nivel Intermedio & Avanzado: La voluntad de vencer: Radjabov–Carlsen, Torneo de Candidatos 2013

JMurakami
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17 dic. 2017 0:05 |
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La voluntad de vencer

Se puede entender que jugar a ganar es continuar hasta que solo queden los reyes, pero la voluntad de vencer hace referencia a un modo de conducir la lucha, donde se trabaja para crear problemas incesantes al rival, aun cuando ello implique asumir riesgos –razonables–, o un mayor desgaste de energía física y mental.

En ocasiones, seguir la mejor estrategia, plan y jugadas, pueden marcar un camino fácil de predecir al rival. No extraña entonces que la partida culmine en un resultado pacífico. Para evitarlo, puede ser pragmáticamente justificable elegir continuaciones que, pudiendo no ser las mejores, compliquen la tarea rival por hallar las soluciones justas a los problemas planteados sobre el tablero.

Obvio, el no jugar lo mejor colinda con jugar mal y, se puede caer en inferioridad sin haber dificultado en lo absoluto el trabajo al rival. De otro lado, aun teniendo éxito en complicar, el tema puede transformarse en una espada de dos filos, donde las respuestas del rival también nos creen problemas aún más difíciles de resolver. Aquí pesa la confianza en uno mismo, porque se entiende que el juego subsiguiente no estará exento de errores propios y ajenos, pero se estima –o especula con– que los propios serán los menos o menores.

Sobre este concepto, Tal señaló: “Debes llevar al rival a un bosque oscuro, donde dos más dos sean cinco y el sendero de salida solo ancho para uno”. Conviene aquí hacer precisiones: “Complicaciones” se refiere a que existan varias continuaciones que aparenten conducir a posiciones de valor semejante (y no necesariamente de mayor o menor contenido táctico), mientras que “irracionalidad” se refiere a lo impropio en aplicar métodos convencionales para evaluar cuando las posiciones tienen desbalances agudos en la actividad de piezas (muchas amenazas o la imposibilidad de un bando en crearlas). Las posiciones irracionales son típicamente muy complicadas, y para esclarecerlas solo caben deducir su lógica interna y el cálculo preciso, o no se sabe quién está arriba, abajo, ni el por qué. Un par de ejemplos:

 

El caos y las complicaciones no son las únicas formas de manifestar la voluntad de vencer. Existe un concepto llamado “mantener la posición con vida”; se refiere a dirigir el juego hacia posiciones donde sea posible sostener amenazas (aun si no son de magnitud) contra el rival, sin darle espacio ni tiempo para consolidarse.

Mantener una posición con vida se relaciona con la creación y permanencia de “desequilibrios”. Dado que el valor de una posición proviene de una mezcla de material, tiempo, espacio y actividad, en relación con los mismos elementos en la posición rival, puede –por ejemplo– comprenderse cómo el intercambio de material por actividad puede no alterar el equilibrio (dinámico) entre ambas, pero sí hacer más difícil el conducirse con precisión en la situación resultante.

Sin ir al extremo del canje de material por actividad, los desequilibrios también pueden ser sutiles, como alfil contra caballo, distintas columnas abiertas o semi–abiertas, concesión de espacio por actividad, estructuras de peones que determinan el juego activo en distintos sectores del tablero, y así sucesivamente. Conducir estas posiciones no dista del juego preciso y cristalino, pero el mantener la posición con vida también puede requerir el desviarse un poco, asumir riesgos y, casi siempre, mucho trabajo esquivando las posiciones donde los desbalances carezcan de relevancia y la posición “se estanque” porque el rival consigue el tiempo para consolidarse.

Dentro del esquema de mantener viva a la posición, los casos más notables se dan cuando la posición es –objetivamente– de tablas. No se trata entonces de continuar en busca del error gratuito del contrario, sino de conducir el juego a posiciones donde sea posible “ayudarle”: No solo se debe encontrar “el camino correcto”, sino que a veces hay que descartarlo porque el rival también lo puede ver con facilidad; entonces se busca un camino alterno, más pedregoso, menos claro.

Esta necesidad constante de encontrar más de una ruta implica un esfuerzo físico y mental adicional, que explica el por qué pocos han ganado fama por su voluntad de vencer. Y es que no se trata de decidir, un día cualquiera, que se quiere ganar la partida que se tiene en frente, sino de desarrollar y fortalecer la disciplina mental y física para el trabajo extra, de hacerlo un hábito a lo largo de meses y años.

Los beneficios de este “acondicionamiento” se cosechan en las situaciones de excepción. Por ejemplo, en el campeonato estadounidense de 1963/64, Fischer llevaba +10-0=0 al llegar a la última ronda, y conducía las negras contra el MI Anthony Saidy, quien obviamente no quería pasar a la historia por encajar el +11-0=0 de Fischer.

La decisión de cuál método seguir (para manifestar la propia voluntad) tiene que ver con las propias fortalezas en el juego. Alekhine y Kasparov, por ejemplo, buscaban incrementar la tensión (presión mutua) ya desde la apertura, intentando acabar al rival en el medio juego, apoyados en sus ventajas en la preparación, comprensión de la dinámica y cálculo preciso. Fischer se inclinaba por asfixiar al contrario privándole de cualquier forma de actividad (presión antes que tensión), apoyado en su preparación sobresaliente, lógica y capacidad de cálculo.

Carlsen, en cambio, posee una rara habilidad para detectar con rapidez cambios sutiles en la lógica interna de las posiciones (como Capablanca), así que no se inclina por crisis tempraneras, medias o tardías, sino por situaciones con desequilibrios favorables en más de un punto (aun si, como conjunto, sean posiciones equilibradas), que le permitan alternar la actividad entre ellos. No sin razón, muchos de sus GMs rivales han expresado que nadie extrae presión de la nada como Carlsen o, en palabras del GM Morozevich (ex #2 del mundo): “Te quedas con la sensación de estar enfrentando a una persona inteligente”.

Con independencia del estilo, fortalezas y gustos, no solo se ganan partidas a punta de voluntad y coraje. Hay que saber reconocer cuando se ha superado al rival para dejar de hacer eses con el volante, e ir por la línea recta. Algunos necesitan una ventaja más o menos clara, a otros les basta una microscópica para dejar las rutas alternas y proceder con una ejecución tipo máquina.

***

Un poco de contexto para la siguiente partida. Se jugó durante la penúltima ronda del Torneo de Candidatos en Londres, 2013; Carlsen necesitaba ganar para dar alcance al líder, Kramnik. Su rival, Teimour Radjabov, la estaba pasando mal (5 derrotas en 12 partidas), pero Carlsen había sido vencido por Ivanchuk en la ronda anterior (más que la derrota debió pesar la manera en que fue derrotado). Así, ambos llegaban “heridos” de una u otra forma.

No es de sorprender, entonces, que Radjabov eligiera una línea de apertura no muy ambiciosa contra la Nimzoindia, pero que limitara las opciones de triunfo para las negras. Obvio, Carlsen rehusó el equilibrio árido (6…b6) y eligió debilitar seriamente su casilla d6 (7…e5 y 8…c6) con tal de mantener algunas perspectivas de victoria. Aunque Radjabov reaccionó con propiedad (10.dxe5!), su pequeña ventaja se fue esfumando tras algunas imprecisiones. Carlsen pudo luego tomar la delantera dos veces (19…Bf7! y 20…Bf7!), pero obvió ambas ocasiones.

Así, hacia la jugada 27, la partida se encaminaba por unas tablas evidentes…