Mis secretos sobre Magnus Carlsen

Mis secretos sobre Magnus Carlsen

KajaMSnare
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10 may. 2017 14:00 |
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En primer lugar, permitid que me presente: Me llamo Kaja Snare y soy una periodista deportiva de Noruega.

(Foto: en el estudio con Magnus durante el Norway Chess 2015. | Foto de Linnea Syversen.)

Cuando Chess.com me pidió que escribiera esta columna dije que sí por dos motivos:

  1. Me encanta poder compartir con vosotros mis experiencias siguiendo el ajedrez y a Magnus Carlsen en particular.
  2. Me hace sentir como la Carrie Bradshaw del ajedrez (la protagonista y columnista de Sexo en Nueva York).

Antes de seguir leyendo mereces saber esto: No sé jugar al ajedrez.

Sí tengo un juego de ajedrez en casa, pero solo porque es muy bonito y queda precioso en mi mesa de café. Y me he afiliado recientemente a un club de ajedrez, pero solo porque me imagino en un sillón Chesterfield toda elegante jugando al ajedrez con gente interesante que me cuentan las historias de su vida. Ya os iré contando si consigo ir mejorando mi juego.

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Entrevistando a Kariákin durante el campeonato del mundo en Nueva York. | Foto: Maria Emelianova.

Pero esta columna os dará la posibilidad de mirar tras la cortina donde se esconden los ajedrecistas más brillantes y famosos. Durante los últimos tres años he viajado alrededor del mundo haciendo reportajes de ajedrez para la televisión noruega y he conocido a las personas que hacen este deporte tan emocionante. El caballero y gran bailarín Vladímir Krámnik. El patito que se convirtió en cisne, Serguéi Kariákin. El que me dio el trato de silencio, Hikaru Nakamura. El que me avergonzó en directo en televisión, Vasili Ivanchuk. El último en irse a la cama, Veselín Topálov. Fabiano Caruana, Maxime Vachier-Lagrave... y Magnus Carlsen.

¿Cuáles son mis secretos sobre el campeón mundial?

Tengo que remontarme a la primera vez que lo conocí, en la Copa Sinquefield de 2014. Bueno, no exactamente. Lo vi en una discoteca de Oslo en algún momento antes de su primer match de campeonato del mundo. Ya era lo suficientemente famoso como para tener su propia zona en la discoteca y recuerdo que estaba rodeado de chicas. Creo que la versión borracha y admirada de mí se le tiró encima y le pidió un autógrafo. ¡Qué clase! Quiero pensar que fui un poco más elegante unos años después en la Copa Sinquefield de Saint Louis. 

Nunca había trabajado en ajedrez y apenas sabía cómo se movían las piezas. Me pasé el vuelo desde Noruega memorizando los campeones mundiales y a1, a2, a3 (todavía me costaba). Mi cámara y yo nos alojábamos en la "casa de ajedrez" junto con todos los periodistas de ajedrez y yo me preparé para pasar dos semanas extrañas y no muy divertidas.

¡Error!

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Mike Klein enseñándome a colocar el tablero (las damas siempre llevan zapatos a juego con el vestido) en Saint Louis. 

Seguimos las partidas del torneo históricamente fuerte (¡Caruana arrasando con siete victorias seguidas! ¿Volveremos a ver algo así?), trabajamos, jugamos al ajedrez y festejamos. Me enamoré perdidamente de este intenso deporte, este juego misterioso y la gente original y cálida.

Entrevistar a los ajedrecistas fue todo un reto. Especialmente a Magnus. Con él funciona así: Si no llegas preparada y haces preguntas estúpidas, no dudará en hacerte sentir como una idiota. Si lo sorprendes con preguntas buenas y originales (incluso si son de corte sensacionalista), te da titulares como nadie más, incluso si sabe que atraerá muchísima atención, y estos no son necesariamente positivos. Mi impresión general es que odia estar en el foco de atención, pero parece divertirle el tipo de atención que crea hacia sí mismo, ya sea con sus propias palabras o con sus jugadas geniales.

A veces me da la impresión de que trae el juego a la vida real. ¿Acaso está jugando con nosotros?

Durante aquellas dos semanas en San Luís, tuve la oportunidad de pasar algo de tiempo con Magnus fuera del torneo. Lo llevamos a jugar a golf el día de descanso para obtener material guay y él nos invitó a jugar a fútbol. El partido tuvo lugar en un campo con una pista de atletismo alrededor y, cuando la mayoría de nosotros estaba demasiado cansado como para hablar siquiera, Magnus quiso probar cómo de rápido podía correr los 100 metros. Ojalá recordara el tiempo exacto que hizo, pero recuerdo que me quedé muy impresionada. Me hace pensar quién ganaría un sprint entre todos los campeones del mundo. Yo apostaría por Krámnik porque (dato curioso) según la Wikipedia, tiene la misma estatura que Usain Bolt (1,95m). O quizá ganaría Bobby Fischer, porque al menos metafóricamente tenía mucho de lo que huir corriendo, ja ja.

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Jugando a fútbol con Magnus en San Luís.

Bobby Fischer me acerca al tema del que quiero hablar. Durante mi infancia, mi única referencia del ajedrez fue el genio estadounidense del que había oído algunas historias enloquecidas. Cuando Magnus se convirtió en gran maestro y los medios de comunicación empezaron a hablar de él, solían compararlo con Bobby Fischer. Por eso no culpo a todos aquellos que me hacen esta pregunta horrible: "Pero a Magnus Carlsen le pasa algo, ¿no?" Quieren decir socialmente. Me temo que esto es lo que más me preguntan.

En el documental Magnus, habla de sus demonios. ¡Le hacen pensar en ajedrez todo el tiempo! Es segundo campeón del mundo más joven de la historia. Sería fácil aceptar que tuviera graves problemas de sociabilidad. Parece más difícil entender que, hasta donde yo he visto, no los tiene. 

No lo conozco personalmente, pero Magnus Carlsen fue mi trabajo durante un tiempo; seguí cada uno de sus movimientos, y puedo decir esto: Me parece un tío muy de la calle. Del mismo modo que está un paso por delante de sus oponentes en el tablero, parece estar por delante de los medios de comunicación. Parece que de hecho está jugando con nosotros. ¿sabes esa sensación de darte cuenta demasiado tarde de cuál habría sido el comentario inteligente? Seguro que a Magnus nunca le pasa eso. Su cabeza calcula una respuesta inteligente o sensacional muy rápido. Eso hace que mi trabajo sea muy divertido. 

Como el resto del mundo, Magnus Carlsen tiene sus defectos. Lo único anormal en él en entornos sociales es que debe de ser la única persona en el mundo nacida después de 1970 que no sabe bailar la Macarena. Esto lo sé porque después de la última ronda de la Copa Sinquefield de 2014 dimos una fiesta en la casa de ajedrez a la que asistieron todos los ajedrecistas. Jugamos a todas las variedades del ajedrez divertidas que puedan imaginarse y todos fueron muy simpáticos y me animaron con mucho júbilo cada vez que yo hacía una jugada que no perdía inmediatamente. Luego todos salimos a un club latino y en algún momento sonó la Macarena y casi todos la bailamos.

¡Fueron buenos tiempos! Amo mi trabajo. Me encantará llevaros conmigo. 


Kaja Snare, de 27 años, vive en Oslo. Es periodista deportiva para NRK y lleva tres años haciendo reportajes y presentando programas de ajedrez. Trabajó en la retransmisión internacional del Campeonato del Mundo en Nueva York. Kaja ha estado en los JJ. OO. de Brasil cubriendo el balonmano y ha viajado para cubrir juegos de invierno, ciclismo, tenis y fútbol. Cuando está en su ciudad, Kaja es comentarista deportiva.

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