De paranoias y malos perdedores
Las trampas son una realidad en cualquier deporte de competición. Atletas que se dopan, partidos amañados, etc.
Y el ajedrez no escapa a este flagelo. En partidas de torneos presenciales es posible que un jugador, aprovechando la tecnología, oculte algun dispositivo con un motor de análisis que le permita auxiliarse en los momentos más críticos. Es difícil pero ha sucedido.
Ahora imaginemos las partidas online o por correspondencia...
Si queremos cultivar este juego apasionante no nos queda otra opción que aprender a convivir con las trampas y los tramposos sin ser víctimas de suspicacias desmedidas y llegado el momento de una sospecha razonable reportar al granuja para que chess.com se encargue del asunto. No existe otra alternativa.
Quienes no hacemos trampa nos guiamos por un grupo de valores, como son la honestidad, el sentido del honor, el amor por el ajedrez... y también el orgullo ¿Por qué no?
Sea cual sea tu resultado lo disfrutas porque es genuino, nace de tu talento y dedicación al juego.
La otra cara de la moneda es cuando por debilidades de carácter no aceptas tu reponsabilidad en la derrota y siendo mal perdedor, movido por una paranoia irracional acusas a tu oponente de no haber jugado limpio.
Como me sucedió en la siguiente partida;
Llegados a esta posición, tras la érronea jugada 16...Cf6 las negras están perdidas y después de unas pocas jugadas su conductor me acusó de tramposo.
Aquí las blancas ramataron la partida con un bonito golpe táctico pero a la vez muy sencillo.
¿Lo puedes ver? ...
Si diste con la jugada correcta, házmelo saber en los comentarios. Realmente no es tan difícil.