El Ajedrez de Francisco Zarco

El Ajedrez de Francisco Zarco

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Francisco Zarco nació el 4 de diciembre de 1829 y falleció a los 40 años el 22 de diciembre de 1869. Fue periodista, político, escritor y además practicó el ajedrez. Dos siglos después, rescaté un cuento que pocos conocen, de hecho nunca lo he visto en otro sitio. Por eso quiero compartir hoy 20 de julio de 2020, como regalo del día mundial del Ajedrez, lo que encontré en una publicación de 1852 y que pude rastrear en los archivos. Para hablar de "El Ajedrez" de Francisco Zarco es necesario explicar el contexto en el que fue escrito.

      Durante el siglo XIX, Francisco Zarco vivió la construcción de una nueva nación mexicana y con muy poca difusión del ajedrez. Le tocó una época de inestabilidad política. Los sucesos políticos inestables que limitaron el desarrollo del ajedrez mexicano fueron los que se realizaron desde la guerra de Independencia hasta la guerra de Reforma. El ajedrez y sus jugadores mexicanos emergieron después de estos sucesos políticos. México como un país nuevo, no permitió que sus pobladores practicaran el ajedrez de una manera seria por todas las guerras que se disputaron en él.

     Se debe hacer un pequeño recuento para conocer las dificultades políticas que vivió el nuevo país mexicano. Los presidentes no duraron un periodo completo en el gobierno, los dos emperadores terminaron fusilados con sus cortos imperios, las guerras y las invasiones estaban por todos lados, el territorio mexicano se perdió en el sur y en el norte. En fin, existió una gran inestabilidad política que no permitió una alianza efectiva de los nuevos pobladores mexicanos. "En treinta años hubo cincuenta gobiernos, casi todos productos del cuartelazo; once de ellos presididos por el general Santa Anna. La vida del país estuvo a merced de dividas logias masónicas, militares ambiciosos, intrépidos bandoleros e indios relámpago. Los generales producían guerritas a granel para derrocar presidentes y gobernadores"1

     ¿Realmente se podía pensar en ajedrez con las innumerables guerras y con las dificultades políticas que padecían los pobladores? En la primera fase del siglo XIX, el ajedrez sí se utilizó, pero como sátira política. De esta manera, el periodista y político mexicano, Francisco Zarco dio su visión del ajedrez a manera de cuento en 1831, pero por la gravedad política del país se publicó en 1852. Zarco escribió lo siguiente:

Un día se vieron todos los peones, torres, alfiles y caballos del tablero enorgullecidos de todo lo que podían contra sus enemigos.

Los peones se jactaban de su ligereza y ponderaban sus certeros golpes: “Pequeños como somos, decían, a veces ponemos en conflicto al mismo rey de nuestros contrarios; hacemos lo que queremos y siempre contribuimos a la victoria.”

Los caballos exclamaban: “¡Pobres peones! Creen que mucho valen. Y nosotros saltamos sobre ellos: cuando nos conviene podemos atacar a varios a un tiempo y casi somos los que decidimos el combate.”

Los alfiles decían: “Mucho sabrán estos orgullosos caballos, pero no saben tanto como nosotros; ¿de qué sirven sus continuos brincos? De nada, pues sus golpes alcanzan tanto como los nuestros.”

Las torres con tono grave decían: “Ni peones, ni caballos, ni alfiles valen gran cosa. Los alfiles atacan, pero nunca en dirección recta, y así de poco sirven. Nosotros sí valemos mucho, somos fuertes y cuando el rey nos llama en su auxilio, se salva con nuestra presencia.”

La reina sonreía con desdén a oír todo esto: y decía: “Sin mí, ¿qué sería toda esta necia multitud, tan vanidosa? Nadie es tan fuerte como yo, nadie tan astuto, y si en nuestros combates hay gloria, toda es mía. Ataco como torre y como alfil, y no hay soldado que en valor me iguale”.

El rey que estaba dormido, despertó con todo este murmullo, y comenzaba a irritarse contra todos, cuando al saber de lo que se trataba, dijo con calma: “A la verdad son necias estas gentes que tanto se ponderan y se exponen, sólo por salvarme a mí que nada hago por ellas. Pero en fin, ese es su destino, servirme y obedecer mi voluntad…”

Aquí llegaba el real razonamiento cuando la mano de Teresa tomó a peones, caballos, alfiles, torres y reyes, guardándolos en una caja donde se quedaron todos callados y en paz. ¿Qué se hizo tanto orgullo? Nada, todos sucumbieron sin comprender su destino.

He aquí el mundo. Todos se alaban, todos se creen poderosos, y árbitros del destino; todos creen obrar por sí mismos, y algunos se sueñan adorados por la multitud y servidos por los demás. Y tal vez todos, como pobres piezas de ajedrez, obran sin saber por qué y se dejan llevar por una mano que sienten y no ven.

Nada de lo que somos, ni de lo que tenemos, lo debemos a nosotros mismos. Nuestro orgullo es tan necio como el del caballo que se jactaba de saltar, sin conocer que sus saltos no los da porque quiere, sino porque lo conduce la mano del jugador.

En todos los sucesos del mundo, buscad siempre la mano del gran jugador de ajedrez y sabed que nadie es tan miserable como el jactancioso. No mostréis tanto orgullo de vuestras cualidades, no os envanezcáis, ni forméis grandes proyectos, porque todo puede destruirlo una mano extraña que es la que os conduce por el mundo y os detiene en la mitad de vuestro camino.2

     Francisco Zarco vio a México como un país lleno de traiciones, lo representó con las piezas de ajedrez. En el cuento las piezas resaltaron sus cualidades sin saber que fueron guiadas por alguien más. Francisco Zarco murió sin publicar varias obras. Él como periodista tuvo un gran número de escritos, varios de ellos perdidos. No estoy seguro si existen más de él con el tema de ajedrez. Si es así me gustaría encontrarlos.

1González, Luis; Cosío Villegas, Daniel,  I. Bernal, El paréntesis de Santa Anna, Historia mínima de México . D.F. México: El Colegio de México. 1974 p. 102.

2Zarco, Francisco, "El Ajedrez". Presente Amistoso,1 de enero de 1852, p. 278-280.