Las fronteras del ajedrez.
Quien piense que Fischer-Spassky en 1972 fue el único match sobrecargado por la política y las acusaciones absurdas, pues se equivoca. El siglo XX en el mundo del ajedrez no solamente nos regaló notables ajedrecistas, sino también anécdotas difíciles de creer entre sus protagonistas.
Corría 1975 y Robert Fischer, el entonces campeón del mundo desde 1972, se negó a defender el título mundial frente al joven soviético Anatoly Karpov tras ser rechazadas sus exigencias. Si bien no recuperó el título para la Unión Soviética en el tablero, su imagen de comunista modelo y notable nivel ajedrecistico ponían al nacido en Zlatoust como un héroe nacional y el mimado del Kremlin.
1978 comenzaba y con él, una nueva oportunidad para demostrar su maestría revalidando su condición de campeón ante nada más ni nada menos que Viktor Korchnoi. Cualquiera que no conociera su historia, diría que éste sería un duelo ameno debido a que como bien muestra su nombre, Korchnoi era originario de la Unión Soviética, pero he ahí la cuestión: para la URSS, Korchnoi era un traidor. Si bien allá por los años 70 sus actuaciones fueron brillantes, jamás tuvo buena relación con el gobierno de su país, quien siempre lo vio con distintos ojos que al resto de la escuela soviética de ajedrez. Aprovechando la invitación de un torneo en Ámsterdam, Países Bajos, Korchnoi luego de finalizar el mismo decidió no presentarse nuevamente en la embajada, sino que pidió asilo político a las autoridades neerlandesas; Viktor Korchnoi entonces, se convertía en el primer Gran Maestro en desertar de la Unión Soviética dejando esposa e hijo atrás.

Korchnoi en Amsterdam, 1972. Foto: Wikipedia.
Luego de años viviendo en los Países Bajos, Korchnoi finalmente se estableció definitivamente en Suiza. Poco influyó la mala propaganda tras el Telón de Hierro, ya que su nivel siguió siendo extraordinario: tal es así, que logró conseguir el estatus de retador para el título mundial en 1978 venciendo a notables figuras como Petrosian, Polugayevski y al mismísimo Spassky. ¿A quién debía enfrentar? Pues, como bien mencioné arriba, al exponente del comunismo soviético Anatoly Karpov.
Era inconcebible para las autoridades de la Unión perder el campeonato mundial contra un traidor a la patria (el cual además estaba casado con una disidente soviética presa en un campo de concentración siberiano), por lo cual la tensión política volvió a ser protagonista en el ajedrez. Normalmente, cuando los enfrentamientos eran entre soviéticos, el match se disputaba en la capital del país, Moscú; pero debido a que ahora Korchnoi se encontraba bajo otra bandera, la sede fue Baguio, en Filipinas. Irónicamente, éste contaría con las reglas que Bobby Fischer había reclamado para defender su título en 1975 y fueron rechazadas, es decir, el ganador sería quien llegase a las 6 victorias sin contar las tablas ni límite de partidas alguno. Lamentablemente, el ajedrez pasaría a un segundo plano la mayor parte del tiempo en las islas del Pacífico.

Anatoly Karpov, 1979. Foto: Wikipedia.
Mucho se declaró antes de comenzar el match, y era lógico, ya que la presión y la tensión que generaba aquel acontecimiento se prestaba para la provocación. Pero ese tipo de actitudes, lastimosamente, no acabaron allí.
El primer inconveniente surge cuando Viktor Korchnoi solicita jugar el match con la bandera de Suiza, país en el cual se encontraba viviendo en ese entonces, cosa que la URSS rechaza contundentemente. Además, la reglamentación de la FIDE establecía que el jugador debía poseer dos años residencia en dicha nación para la utilización de la bandera, cosa que Korchnoi no cumplía. Largas fueron las charlas y las negociaciones efectuadas, las cuales resolvieron que por primera vez ninguno de los dos jugadores tendría su respectiva bandera sobre la mesa.
El segundo problema, y quizás el más comprensible, fueron las piezas. Ambos jugadores presentaron quejas de que las piezas eran demasiado livianas y exigieron su cambio, algo que se hizo de manera apresurada ya que el tiempo no los acompañaba. No era la primera vez que algo así sucedía, ya que por ejemplo recordemos que en el Match del Siglo Fischer pidió cambiar el tablero ya que era demasiado brilloso y jugar tantas horas seguidas encandilado por la luz de los reflectores podía significar desgastante.

Korchnoi VS. Serper, años 90. Foto: Wikipedia.
Si bien se jugó en un recinto semi vacío, un hombre se hallaba sentado en las primeras filas de la platea. Aquel hombre que conocían ambas delegaciones era Vladimir Zukhar, psicólogo personal de Anatoly Karpov (según él, vital para su rendimiento). El problema comienza porque según Korchnoi, Zukhar en realidad era parapsicólogo y aseguraba que podía leer sus pensamientos por ende debía irse, o por lo menos sentarse más lejos del escenario. Este conflicto duraría casi todo el match, ya que reiteradas veces Zhukar hacía caso omiso a las quejas de Korchnoi y volvía a su posición inicial.
Un detalle peculiar de este enfrentamiento, es que durante todas las partidas un camarero le facilitaba a Karpov un vaso de yogurt para que éste pudiera beber mientras jugaba. Korchnoi protestó, ¿y por qué? pensarán algunos. Bueno... todos los días el vaso era de un color distinto, por lo que Viktor esgrimió que el equipo de Karpov estaba enviándole mensajes encriptados a través de dichos colores. A algunos puede parecerle absurdo, pero este tipo de métodos eran utilizados y Korchnoi al conocer lo que sucedía dentro del Telón de Hierro pudo haber sospechado. De todas formas, esto debió solucionarse con un documento escrito. Sí, por reglamentación se decidió que Karpov podía seguir tomando yogurt, siempre y cuando el vaso siempre sea del mismo color. Y en caso de que deba cambiarse, debía notificarsele primero al árbitro. En fin...

A que no adivinan quién fue el árbitro del match... pues sí, Lothar Schmid, el mismo que el de Fischer-Spassky. Parece que Lothar era poseedor de una paciencia inquebrantable. Foto: Wikipedia.
Lejos de acabar, las acusaciones eran cada vez más usuales. Como a Korchnoi le molestaba que Karpov lo mirase fijo cuando le tocaba mover, en varias partidas éste asistió con unos grandes anteojos espejados que lograban que Karpov se viera reflejado en caso que decidiera continuar con esta costumbre. Anatoly protestó alegando que la luz de los focos provenientes del escenario se reflejaban en ellos y no permitían su concentración. ¡Hasta intervino el presidente de la FIDE! Finalmente los reclamos de Karpov fueron rechazados, aunque Korchnoi dejaría de usarlos tiempo después por decisión propia.
Por más que ambos tuviesen ya una edad considerable, llegaron a realizar actos de verdaderos niños. Desde pegarse patadas por debajo de la mesa (en lo cual tuvo que intervenir el árbitro ya exhausto), hasta dejarse de dar la mano. El mismo Korchnoi apoyándose sobre la reglamentación que establece que los jugadores no pueden hablarse, pidió a las autoridades que hasta los pedidos de tablas se realizan a través del árbitro y no entre los mismo jugadores con el fin de no dirigirse nunca la palabra.
El colmo de los colmos llegaría finalmente: Korchnoi solicitaría la presencia de un grupo de personas que lo ayudarían a meditar, obviando que estos eran una secta: la Ananda Marga. ¿Cuál era el fin específico en realidad? Pues bien, neutralizar las habilidades del parapsicólogo Zukhar y así cortar la mala racha que estaba sufriendo (había perdido dos partidas seguidas). El escándalo explotó de tal forma que hasta intervino la policía local, que pese a las protestas de Korchnoi, no les permitió permitió el ingreso ya que además algunos poseían antecedentes penales.

Un joven Anatoly Karpov. Foto: Wikipedia.
Alejándonos un poco de lo extra ajedrecistico, el match se hallaba empatado 5-5 y cualquiera que ganase una partida más se consagraría. Inesperadamente, durante el juego N°32 Korchnoi decide suspender la partida, para un día después comunicar que abandonaba definitivamente el match probablemente ya agotado de semejante desgaste. Acto seguido, escribe una carta dirigida a la FIDE comunicando que no solamente no reconoce el resultado del campeonato por las irregularidades existentes, sino que afirmó que él no había perdido.
Última partida entre Karpov y Korchnoi.
Y así fue como Anatoly Karpov defendió por primera vez su título obtenido en 1975, aunque con un escaso margen (venció a Korchnoi por tan solo un punto). Ambos volverían a enfrentarse en el futuro, esta vez venciendo de manera categórica a Korchnoi y reteniendo su título durante 10 años.
Sin dudas, es increíble que este tipo de cosas sucedan en un campeonato del mundo, pero así fue. No quedan dudas de que los ajedrecistas además de ser brillantes y creativos, también son bastante peculiares a la hora de establecer su zona de confort.
