
La paranoia de Bobby es bien conocida. Siempre sospechaba que lo perseguían agentes de inteligencia, tanto soviéticos como estadounidenses. Una noche de 1970, en Buenos Aires, al finalizar una ronda de un torneo que estaba jugando, el norteamericano invitó a cenar a los árbitros Andrés Alisievicz y Daniel Green. Al finalizar la cena, los tres tomaron un taxi y partieron para dejar a Fischer en el hotel donde se hospedaba. De pronto, el taxista tomó por una calle distinta de la que Fischer se había acostumbrado a transitar. Creyéndose víctima de un secuestro, el Gran Maestro estadounidense se bajó del taxi y echó a correr, con los árbitros detrás intentando explicarle que nada malo estaba sucediendo.
















El caso más extraño que ha vinculado al ajedrez con el esoterismo probablemente haya sido el que involucró al Gran Maestro suizo Víktor Korchnoi. En 1985 Korchnoi fue abordado por un parapsicólogo, quien le expuso su interés en demostrar la existencia de los espíritus mediante un experimento que requería del juego ciencia. Para ello, Korchnoi debía prestarse a jugar una partida con un jugador ya fallecido. El Gran Maestro suizo dudó bastante pero finalmente aceptó. Robert Rollans, un espiritista rumano, fue el encargado de contactar a Korchnoi con el supuesto espíritu del jugador húngaro Geza Maroczy, quien había fallecido en 1951. Pareados así los contendientes, la singular partida arrancó. Cuando Rollans entraba en trance, el espíritu de Maroczy le dictaba sus jugadas. La partida tuvo un ritmo irregular pues en algunas ocasiones el médium estuvo enfermo mientras que en otras el presunto espíritu de Maroczy se sentía poco inspirado para jugar. Korchnoi, un vital jugador que hizo del ajedrez su vida misma, se empeñó a fondo en ganar. Finalmente, en 1993 el espíritu de Maroczy se rindió, le deseó muchos años más de buen ajedrez a Korchnoi y cortó el contacto con Rollans. Este por su parte murió dos semanas después de concluida la partida. Korchnoi no embolsó ningún dinero por el curioso experimento y se quedó con la duda de a quién había enfrentado.