La apertura (I) - La seguridad del rey
En íntima relación con el desarrollo, el dominio de mayor cantidad de espacio, la ganancia de tiempo y el control del centro (pues desde allí parten la gran mayoría de ataques sobre el rey), está el tema de la seguridad del monarca. Ya se ha dicho que el enroque es la jugada que en la gran mayoría de los casos garantizará esa seguridad. La columna “e”, donde el rey inicia la partida, no acostumbra a ser segura debido a los tempranos intercambios de peones que en ella suelen producirse. La mejor ubicación del rey está tras el parapeto que forman los peones no movidos de uno de los flancos, reforzado con alguna otra pieza (normalmente un caballo).
El enroque se considera una buena jugada de desarrollo, puesto que permite la comunicación de las torres y su incorporación al juego, y además ofrece un refugio seguro al rey.
Como ejemplo de ataque contra un bando negro que, si bien desarrollado hasta cierto punto, estaba sin enrocar, véase la siguiente partida jugada con blancas por el gran Paul Charles Morphy, uno de los más extraordinarios ajedrecistas del siglo XIX. Su adversario fue Domínguez:
Partida 1
En esta partida ha quedado claro que la falta de seguridad del rey contrario es un faro que puede iluminar nuestras acciones y guiar la elaboración de los planes.
Resumen
La lucha en la apertura está basada en dos aspectos fundamentales: el desarrollo rápido de las piezas y el dominio del centro.
- Conviene abrir el juego con los peones centrales. Los de “e” y “d” son los más apropiados.
- Las piezas deben desarrollarse, normalmente, en el siguiente orden: después de los peones se desarrollan los caballos, luego los alfiles, a continuación se efectúa el enroque y por último las torres y la dama ocupan las columnas centrales.
- No debe desarrollarse prematuramente la dama, puesto que ello puede favorecer el desarrollo del contrario además de descuidar el nuestro.
Debe evitarse perder tiempos en la apertura. Sólo se consideran tiempos las jugadas útiles al desarrollo.
- A ser posible, hay que dominar el centro con algún peón.
- Es conveniente enrocar tan pronto como sea posible.
El ajedrez ha estimulado la imaginación de numerosos artistas, en especial en el siglo pasado, cuando la poesía, la arquitectura o la pintura se componen de acuerdo con sutiles relaciones matemáticas, y cada elemento recibe su significación tanto de sí mismo como de su relación con el conjunto. Jorge Luis Borges hizo protagonistas de unos poemas memorables al tablero de ajedrez, “ámbito en el que se odian los colores”, y a cada una de las piezas. En esta pintura de Marcel Duchamp se expresa sobre todo el esfuerzo intelectual de los jugadores; las posibles jugadas imaginadas se materializan entorno a ellos como un ectoplasma.